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8. Depresión económica de 1929

La década de 1920 representó para la Europa asolada por la Gran Guerra, una verdadera conmoción económica, política, ideológica y social. El otrora Imperio Británico fue desplazado de su supremacía financiera por los Estados Unidos de América; Francia, sobre cuyo territorio se habían escenificado las más violentas acciones de guerra en la Europa Occidental, requería de los pagos que Alemania estaba obligada a cubrirle para su reconstrucción; ésta fue declarada culpable de la guerra y condenada a pagar a todos los países que intervinieron para frenar sus pretensiones expansionistas; Austria-Hungría fue dividida y perdió su poderío; Rusia vivió una revolución que conllevó a un nuevo sistema político e Italia transitó de una monarquía parlamentaria a una dictadura, entre otras transformaciones importantes. Vencedores y vencidos afrontaban nuevas realidades en la vieja Europa. Pero, para los Estados Unidos de América también se presentaron consecuencias.


Una de las primeras y más trascendentales repercusiones del fin de la Primera Guerra Mundial fue la evidente superioridad que los Estados Unidos de América registraba ya en todo el orbe. Su economía creció considerablemente, su industria bélica era «de punta»; su población civil no había sufrido estragos por las batallas y se había convertido, a través de sus magnates industriales y financieros, en el gran proveedor de recursos económicos para capitalizar la reconstrucción de Europa, y sus posibilidades de acumulación crecieron en forma mayúscula.
Esta realidad permitió que, internamente -y durante buena parte de los años comprendidos entre 1922 y 1929- las familias vivieran una importante mejoría en su calidad de vida y, si bien la distribución de los ingresos no era igual, sí hubo incrementos que estimularon la compra de múltiples aparatos domésticos, basándose principalmente en el crédito. Sin embargo, más que la producción, lo que aumentaba era la diversidad de productos que derivaban de innovaciones tecnológicas (el radio y el automóvil son ejemplos claros de esto), lo que generaba una idea de bonanza y confort que llevó a designar a tales años como «los fabulosos veinte»; además, 'una parte significativa de la población ahorraba su dinero en bancos y otra solicitaba empréstitos para comprar acciones de diferentes empresas. Todos estos elementos sustentaron la confianza incuestionable en sus postulados económicos, donde la libertad de empresa les había llevado a convertirse en la gran potencia. Pero no en todas las ramas industriales se vivía la prosperidad. Como contrapartida, las industrias textil, siderúrgica y del carbón entraron en recesión recesión recesión al no- mantenerse los márgenes de exigencia de los años previos y el desempleo comenzó a presentarse, aunque no de manera dramática.
Los problemas comenzaron a dar muestra de su intensidad hacia 1928, específicamente en el sector de la producción agrícola, pues una buena parte de estos satisfactores se exportaban hacia Europa -desde los años de guerra-; mas, después de diez años, la agricultura europea se había recuperado e incluso alcanzado una productividad generadora de excedentes. Además, la cosecha de 1928 fue, tanto en Europa como en América, excepcionalmente buena. Los agricultores norteamericanos vieron caer súbitamente su margen de ganancia en octubre de 1929, ante la imposibilidad de vender sus cosechas y de dar salida a las existencias acumuladas. Esta situación se sumaba a una sobrevaloración de la moneda norteamericana que mantenía el poder incrementado de los años de auge de 1914, aun al término de la guerra, caso similar para Inglaterra. Así, la masa de los créditos y de los medios de pago expresada en monedas valoradas en su tasa de 1914 era demasiado considerable, y se expandió una inflación en el mundo entero que estalló en Nueva York el 23 de octubre de 1929, y al día siguiente, el «jueves negro», se produjo el pánico. Las suspensiones de pago y las quiebras fueron innumerables, y casi 6 000 bancos cerraron en Norteamérica.
La crisis se desencadenó en 1930 dado que, aun en esas condiciones, se había mantenido la producción en el campo y en la ciudad, acumulándose existencias de productos alimenticios y de materias primas que no se vendían, por lo que campesinos y trabajadores industriales cayeron en condiciones de miseria.
El estancamiento económico provocó una crisis financiera internacional. Estados Unidos dejó de remitir masivamente capitales a Europa y la falta de dinero alcanzó a varios países. La pérdida de confianza no se controló; el atesoramiento parecía la única salvación y en tales condiciones la economía capitalista no tenía respuestas «eficientes e inmediatas».
La crisis provocó repercusiones sociales y se produjeron desórdenes en el campo. Los antiguos  combatientes de la Primera Guerra Mundialexigían sus pagos y, al no ser atendidos, invadieron el Capitolio. En 1931, 1 200 bancos más dejaron de funcionar, la exportación quedó reducida a la tercera parte del nivel de 1929 y el número de desempleados alcanzó 8 millones. Una de las primeras «soluciones» fue «exportar» la crisis hacia Europa. Los grandes inversionistas estadounidenses se apresuraron a repatriar sus capitales, lo que provocó el cese de recursos que Alemania y Austria recibían; la cadena de repercusiones no se hizo esperar, e Inglaterra también fue alcanzada. Un fenómeno que no había hecho aparición se presentó: la sobreproducción.
Tanto en Estados Unidos como en Europa, la Bolsa de Valores se desplomó. Los precios de los artículos se abarataron, pero no había suficiente circulante para comprar; los inversionistas restringieron sus  0peraciones y el desempleo creció como nunca antes.
Todas las economías que se habían interconectado por la Gran Guerra sufrieron la pérdida del empleo en porcentajes muy altos. En Alemania; cerca de 6 millones de personas quedaron sin retribución; en Francia los emigrantes fueron los más afectados, aunque los obreros industriales sí resintieron recortes en sus salarios. Los ingleses, aunque con ceses de personal, sobrellevaron mejor la situación.

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