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1. Colonialismo e imperialismo

Antecedentes.

El colonialismo es la influencia o la dominación de un país por otro más poderoso de una forma violenta, a través de una invasión militar, o sutil, sin que intervenga la fuerza. Los motivos pueden ser poder, riqueza o dominio. Esta dominación puede ser política, militar, informativa, cultural, económica o étnica.

También se le puede llamar neocolonialismo para hacer referencia a una dominación de tipo económico, e incluso político, sobre un Estado jurídicamente independiente. En sentido similar se utilizan los términos imperialismo y nuevo imperialismo.
La importancia colonial y su historiografía han tenido un gran rol dentro de las disciplinas históricas, y se ha visto robustecida en los últimos años a raíz de la necesidad de comprender mejor los procesos globales.
El imperialismo es una doctrina política que pretende situar por encima de otros Estados o comunidades al propio. El imperialismo moderno suele referirse a la actitud de algunas potencias, principalmente europeas, desde la Edad Moderna hasta el proceso de descolonización tras la Segunda Guerra Mundial; y más específicamente, incluso con el nombre Era del Imperialismo, utilizado por la historiografía, al periodo que va de 1871 a 1919, en que se produjo una verdadera carrera para construir imperios, principalmente con el llamado reparto de África. A ese periodo se refieren dos de los textos más importantes que fijaron el concepto: Imperialism, a study, de Hobson, El imperialismo, fase superior del capitalismo, de Lenin.
Hay que mencionar que, imperialismo y colonización, son términos parecidos pero no iguales, ya que pueden ser confundidos, y tomarse como sinónimos. Desde una perspectiva marxista el imperialismo no es un periodo acabado de la historia, ni tampoco una forma extinguida de dominación política, sino la forma por la cual la propiedad del capital se concentra en unos países "centrales". Los países "periféricos" (en politología también se emplea la nomenclatura "norte-sur") sufren de este modo la explotación de los primeros. El trabajo y los recursos naturales se concentran en los países periféricos pero no su "gestión" ni, por ende, el consumo.

Causas de la expansión europea.

El desarrollo industrial de Europa se encuentra en crisis a finales del siglo XIX. Es el periodo conocido como la «gran depresión», que hará tambalear las economías europeas industrializadas de finales de siglo. Para tratar de superar esta crisis, los países industrializados de Europa buscarán en todo el mundo mercados privilegiados y zonas que les abastezcan de materias primas a precios baratos. Se crea, así, una tensión entre el liberalismo, que propugna la libertad de comercio, y el nacionalismo, que pretende proteger los mercados.
Este es, también, un periodo de crecimiento demográfico, que se caracteriza por ser el inicio de la transición demográfica o, incluso, su fase de mayor crecimiento. Uno de los recursos para la superpoblación y el paro será la emigración a las colonias.
Otra de las características de la época es el desarrollo de los transportes. Se comienzan a construir trenes, barcos de vapor, etc. La marina recibe un importante impulso, gracias al desarrollo de la marina de guerra. Otros progresos técnicos, aportados por la industria, facilitarán, técnicamente, los viajes y la exploración del mundo, que se convierte, en esta época, en todo un reto internacional.

Los factores económicos

Las potencias europeas necesitan mercados nuevos y exclusivos para su desarrollo económico. Estos territorios han de ser, además, ricos en materias primas, que se puedan utilizar en la industria del país. Es la teoría de los grandes mercados y el autoabastecimiento de la economía. Nadie quiere depender de los productos de la industria de otra nación europea.
La «gran depresión» provoca una ola de proteccionismo económico que hace muy caro el comercio internacional. Estos nuevos mercados se consiguen por medio de la estratagema y la ocupación. En el nuevo territorio se comprará la materia prima y se venderá el producto elaborado, en contradicción con el pensamiento político y la teoría económica liberal.
¿Sabías que...
La construcción del sistema ferro-viario en México, después del periodo de Reforma, fue sumamente complicada por la falta de recursos económicos y técnicos suficientes. Así, el gobierno de Porfirio Díaz tuvo que recurrir a préstamos del ex tranjero, primordialmente del go-bierno inglés y de los Estados Unidos –después de reconocerlo- dado que había arribado al poder me-diante un «golpe de estado». Esta situación generó una dependencia financiera con los grandes consor-cios ferrocarrileros y, dada la insuficiencia científica y tecnológica de nuestro país, los primeros trenes fueron conducidos por maquinistas extranjeros y reparados por inge-nieros también extranjeros.

Los factores políticos Los factores políticos

A finales del siglo XIX, Europa se encuentra metida en una carrera por el dominio del mundo, y por el predominio en el continente. Surgen, en esta época, los pannacionalismos, en los que las naciones se definen por la creación de un Estado y el dominio sobre un territorio. Este tipo de nacionalismos pretenden conquistar una amplia zona de territorio donde, se supone, que hay población asimilable a su nación.
Aunque en última instancia las naciones no se crearán con estos criterios. Las naciones europeas de la época, afirmarán el poder del Estado conquistando territorios. Cuanto más grande es el territorio conquistado, mayor es el prestigio de la nación. Un gran Estado debe estar presente en todo el mundo.
La colonización colonización colonización se iniciará por la conquista militar de los enclaves que cada metrópoli tiene cercano a la costa y al interior del territorio. Las expediciones científicas y las sociedades geográficas también ayudarán al progreso de la colonización, incorporando al imperio los territorios explorados. Además, son de gran importancia ideológica, ya que justifican ante la sociedad la conquista de nuevos territorios. Sin embargo, no toda la opinión pública de los países metropolitanos estará de acuerdo con la colonización de otros territorios, los grupos de izquierda serán los que se muestren más abiertamente combativos contra esta política.

El reparto del mundo

En 1873 hay formados dos grandes conjuntos territoriales de carácter colonial: los de primera colonización, que surgen en la época moderna, y los de colonización reciente, que surgen con la revolución industrial. España, Francia y Portugal tienen grandes imperios coloniales de la Edad Moderna que son muy difíciles de conservar, por ser países poco industrializados. Esta es la época de la independencia de los países americanos. Los imperios de la Edad Moderna están en decadencia, y las sociedades creadas desean gobernarse a si mismos.

El África negra

El África negra es un territorio prácticamente desconocido. Su exploración será toda una aventura geográfica de descubrimiento. El río por excelencia, que comunicará a Europa con el interior del continente será el río Congo. Aquí tratarán de imponer un imperio todos los grandes países de Europa, para la colonización de África.

Extremo Oriente

Paralela a la expansión africana se realiza la conquista del Extremo Oriente, que tomará fuerza desde 1850, y sobre todo tras la apertura en 1869 del canal de Suez. Aquí tratarán de imponer un imperio todos los grandes países de Europa, para la colonización de Asia.

América

América está en pleno proceso de reconocimiento de su independencia, pero serán los EEUU los que lleven a cabo su proceso de colonización comercial de los países americanos. No obstante, no faltan los intentos de expansión a través de los territorios del oeste, Florida, Puerto Rico y Cuba, causa por la que entrará en guerra con España.
Estados Unidos apoyará la independencia de los estados americanos, en contra de los intereses de las potencias europeas, lanzando la doctrina Monroe, “América para los americanos”, con la que se rechaza toda intervención europea en América.

La administración imperial y las transformaciones locales.

La Administración de los territorios coloniales no es uniforme en todos los imperios. Las modalidades de Administración van desde el centralismo, que controla un ministerio en el país metropolitano, hasta la autonomía política y económica, más o menos amplias. No obstante, se exportarán las instituciones de los países metropolitanos a las colonias en todos los casos. En ocasiones, la integración de las colonias es tal que se les permitía elegir representantes en el gobierno de la metrópoli, siempre que los elegidos fueran europeos.
La colonización de un territorio supone la construcción de una importante red de infraestructuras que permitiese la explotación económica del país. Se construyen, sobre todo, ferrocarriles y puertos, que permiten el comercio con la metrópoli y el intercambio internacional. Muchas de estas infraestructuras son de capital privado, como los grandes bancos o las compañías monopólicas de plantación o comercio.
El comercio de las colonias está intervenido, ya que es libre con la metrópoli y está prohibido con otros países. En  ocasiones está prohibido el comercio con las otras colonias del mismo imperio.
También se crean ciudades y asentamientos dignos para los europeos, a donde se atraerá a los indígenas para que trabajen para ellos. Esto supone, en muchos casos, la sedentarización de los pueblos indígenas, la introducción del trabajo asalariado y el comienzo de grandes migraciones, ajenas a los pueblos autóctonos.
El impacto de la civilización occidental en las culturas y los territorios no desarrollados fue enorme. Cambian,  radicalmente y para siempre, la sociedad y la geografía de estos territorios. Las transformaciones más espectaculares, en un principio, se dan en las comunicaciones, ya que la colonia es un territorio que se ha de explotar económicamente y ha de estar bien comunicado con la metrópoli. El impacto es mayor, y más inmediato, en la costa, desde donde parte la colonización, hacia el interior.
Pero no solo en el paisaje es donde se notan pronto las transformaciones. La población autóctona comienza el proceso de transición demográfica gracias a la tecnología sanitaria occidental. Esto tendrá como consecuencia, en el siglo XX, grandes desequilibrios sociales y económicos, para una población que no crece económicamente y que no tiene la posibilidad de emigrar, como hará la población europea de la época.
Aparecen, también, nuevas formas de trabajo que nada tienen que ver con la estructura económica tradicional, como el trabajo asalariado, la propiedad privada, para la mayoría de los medios de producción, y la economía especulativa de plantación.
También aparecen fenómenos migratorios hacia los nuevos centros de trabajo, las ciudades, comenzando así la concentración y el gigantismo de las urbes del Tercer Mundo; y el desequilibrio de la red urbana, que se mantiene hasta la actualidad. Estos desequilibrios marcan el comienzo del subdesarrollo dentro del sistema capitalista.
Estas transformaciones, para la explotación del territorio, no suponen la industrialización del país, ya que dominan las industrias extractivas y las empresas mercantiles, todas ellas con dinero extranjero, que sustraen capitales de la zona.
Se crea una nueva sociedad en la que la burguesía europea está en la cima (una burguesía capitalista), luego llega el proletariado europeo, bastante capacitado, y compuesto, sobre todo, de funcionarios y emigrantes que trabajarán en los puestos de mayor responsabilidad y más cualificados. En lo más bajo de la escala social está el subproletariado nativo, sin dedicación exclusiva en principio, y con unas condiciones de venta de su fuerza de trabajo muy precarias. Trabajan en las plantaciones y en los puestos de menor responsabilidad y peor pagados.
Contra la población nativa es frecuente que aparezcan fenómenos racistas y de segregación social por parte de la población blanca. Todo esto lleva a la aculturación de las sociedades indígenas tradicionales, que se refuerza con la evangelización y la enseñanza oficial de la metrópoli. La población indígena abandona los usos ancestrales de su economía tradicional, y su relación con el medio, para asumir otros, extraños.

Los conflictos internacionales.

La colonización generará diversos conflictos, entre los países europeos, que se traducirán también en guerras en las colonias. Los límites no están perfectamente definidos y la ocupación militar es condición indispensable para que se reconozcan los derechos sobre un territorio, así que serán frecuentes las pequeñas escaramuzas fronterizas en las colonias, debido a su concepto de civilización superior.
En las colonias se vive casi en un permanente estado de guerra, tanto contra los nativos como contra los intereses de otras potencias. Son, sobre todo, conflictos fronterizos y guerras por dominar determinados territorios como la guerra ruso-japonesa de 1890, las diversas guerras chino-japonesas, la guerra de España contra EEUU en 1898 y las de la independencia americana. Las tensiones europeas llevarán a la primera guerra mundial, pero los conflictos más graves fueron la cuestión de Oriente y la paz armada.

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