¿Para qué y por qué estudiamos historia? Resultaría ocioso y quizá absurdo hacer la misma pregunta sobre algunas ciencias, como la medicina y la biología, vinculadas directamente con el bienestar humano. En cambio, la utilidad de las ciencias sociales y de la historia no es tan evidente, e invariablemente surge la pregunta: ¿Para qué estudiar lo que ya pasó?
A veces el desinterés por aprender historia se debe, entre otras cosas, a la forma en que se enseña. Por lo general, se le suplanta por un mítico e inmóvil cadáver: la historia de las instituciones, nombres, fechas y cifras; ausencia total del ser humano, que siente, padece, piensa, transforma y desborda su presente, y hace historia.
Sin embargo, el estudio de las relaciones sociales en su incesante movimiento tiene varios usos prácticos. La Historia, como ciencia del comportamiento humano en sociedad a través del tiempo, es en primer término, un ejercicio para razonar y reflexionar. Brinda una lógica de pensamiento en la dimensión espacio-temporal, enseña a pensar en movimiento, con lógica histórica, para ubicar el aquí y ahora como punto de llegada de un proceso y punto de partida hacia el futuro. Además, desarrollamos la capacidad de distinguir lo trascendente de lo intrascendente y también a identificar lo sustancial y lo esencial. Podemos descubrir lo permanente, así como diferenciar condiciones que se prolongan en el tiempo, y que han adquirido nuevas formas, de aquéllas que tienden a desaparecer. Estudiar historia implica aprender a pensar, a razonar y también -¿por qué no?-, a vivir con una perspectiva histórica que vislumbra más allá de la niebla del presente.
¿Puede el individuo y al sociedad vivir sin el estudio de su propia historia? La respuesta es simple si la ubicamos en un nivel individual. ¿Puedo sobrevivir sin los recuerdos que me proporciona mi propia identidad? Así como un individuo sin memoria no tiene un marco de referencia para su comportamiento cotidiano, un pueblo sin memoria histórica no encuentra un marco de referencia para su actuación presente.
La recuperación de las experiencias sociales para la acción presente es tan antigua como la humanidad misma. Desde la era primitiva, se ha tenido la necesidad de dejar constancia de lo que se hace, de acumular y grabar en la memoria las experiencias (como la caza colectiva del bisonte, por ejemplo).
Desde este punto de vista, el porqué de la historia es el mismo que el de cualquier otra ciencia: “Porque la especie humana requiere el conocimiento para lograr aquello que otras obtienen por el instituto: Una orientación permanente y segura de sus acciones en el mundo”.
El conocimiento histórico se construye para adquirir orientaciones basadas en las experiencias del pasado, para nuestra acción presente. Un ejemplo son los conocimientos agronómicos heredados de las civilizaciones mesoamericanas que conservan la biodiversidad de los ecosistemas, a la vez que incrementan el potencial productivo. Conocer la historia es recuperar conocimientos tradicionales que combinados con el conocimiento científico, generan formas propias de desarrollo social, al mismo tiempo que se protege el medio ambiente. Estudiar la historia de México es recuperar la memoria colectiva que conserva, transmite y modifica la identidad de nuestro pueblo, basada en experiencias comunes aprendidas en la práctica social de lavida cotidiana. Es recuperar y reconstruir conscientemente nuestra identidad nacional.
La subjetividad de la Historia reside en el análisis que de la Historia se realice. En ocasiones, en forma inconsciente, el investigador identifica sus puntos de vista con la verdad demostrada, anteponiendo sus intereses personales a los del conocimiento científico. Es una realidad que el conocimiento histórico está en constante evolución alcanzando cada vez un mayor grado de objetividad. Con la ayuda de ciencias relacionadas y los diversos métodos científicos se obtiene una información cada vez más amplia y profunda de la realidad estudiada; se requiere para ello realizar una división del objetivo en dos grandes grupos:
División por grupos humanos y regiones, y división por temas y actividad.
Historia universal: estudia la evolución de todas las culturas y civilizaciones del mundo. La necesidad que siente el hombre de comprenderse a sí mismo a través de su pasado le ha impulsado a la búsqueda incesante de su historia colectiva más remota. El hombre primitivo, desconocedor del lenguaje escrito, transmitía oralmente a sus sucesores las experiencias de sus descubrimientos. Este período es, con mucho, el más dilatado de la historia de la humanidad.
Historia nacional: es el estudio de una sociedad natural de los hombres a los que une el territorio, el origen, la lengua, etcétera.
Historia regional: es una reseña acerca de la población de territorios determinados por caracteres étnicos curriculares.
Historia local: es la que trata acerca del municipio o provincia, está dedicada al estudio de provincia, ciudades o aldeas.
La historia cultural: se propone implementar líneas de investigación que, además del seguimiento de los problemas historiográficos fundamentales del campo, indica en el análisis de la reconstrucción de las conductas y expresiones que traducen las concepciones del mundo y las sensibilidades colectivas.
Historia demográfica: Ciencia que tiene por objeto el estudio comparativo de las poblaciones humanas, de su estado y de sus variaciones. Tasa de población humana en una región o un país determinado.
Historia de la vida cotidiana: Es el estudio del devenir diario; o sea, el tiempo que transcurre día a día desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. Hablar de esto nos lleva a pensar en cosas cercanas que determinan un sinfín de actividades que realizamos a lo largo del día.
Historia oral: Parte del estudio de la Historia que se aboca a analizar las formas de la expresión verbal de las diferentes civilizaciones.
Historia de las mentalidades: se ocupa de estudiar la evolución en los patrones de cultura establecidos por la antropología que suponen la existencia de un pensamiento colectivo propio de cada pueblo. Tiene la relación con la historia de las ideas, trata sobre lo emotivo, tiene influencia de la psicología social.
Historia social: Intenta lograr una visión global de los procesos históricos, como el conocimiento de la composición de las clases sociales; estudia los procesos de cambio de la estructura social. La Historia social es un concepto sociológico que se refiere a la distribución de los grupos que integran la población de una sociedad global de acuerdo con la clase social correspondiente, en relación con sus ingresos económicos y actividades productivas, y tiende a provocar el surgimiento de nuevas formas de sociedad y genera el cambio social.
Historia del arte: Estudia las manifestaciones artísticas producidas por los seres humanos en distintas épocas y regiones, reflejan costumbres, ideas, creencias y valores de la sociedad que las produjo. Las artes plásticas y la literatura son importantes para poder reflejar las diferentes manifestaciones artísticas por los seres humanos.
Historia de las ideas: se encarga del desarrollo de la ideología política y religiosa, el pensamiento social y económico,de la filo sofía, de la ciencia que incluye el estudio de la evolución o histografía. Surgió en el siglo XIX y también se le llama historia intelectual, y pretende comprender el ambiente intelectual de una época y los procesos de cambio ocurridos en los sistemas ideológicos entre los diferentes periodos históricos.
¿Es posible concebir a la humanidad sin memoria histórica, al margen de su pasado? ¿Cómo imaginarme a mí mismo sin los recuerdos que me identifican con mi familia y mis amigos y a la vez se distinguen y proporcionan mi propio yo, mi ser aquí y ahora? Del mismo modo en el que el individuo adquiere su identidad a través de sus recuerdos, el ser social se identifica a sí mismo a través de su memoria histórica como ser que comparte con otros una época, un territorio, un idioma, un conjunto de tradiciones y costumbres, al igual que un pasado.
El conocimiento histórico se encuentra inmerso en la actividad cotidiana del ser humano. La agricultura conserva aún tradiciones mesoamericanas, como las chinampas de Xochimilco en el actual Distrito Federal, o el cultivo en terrazas en diversos estados como Oaxaca. La moderna industria encuentra sus orígenes en las primeras fábricas textiles del siglo XIX. En algunas regiones del país todavía operan fábricas con la misma antigua maquinaria importada durante el Porfiriato.
Los tianguis actuales son memoria viviente de los tianquistli, ferias y mercados mesoamericanos, en donde podían adquirirse gran diversidad de productos, desde alimentos hasta canoas, al igual que finas piezas artesanales de ornato.
Nuestros abuelos seguramente recordarán “los gritos de los vendedores que a lo largo del día llenaban la calle de mágicas proposiciones: ¡Cristal y loza fina que cambiar! ¡Zapatos que remendar! ¡Caños que destapar! ¡Canastas, buenas canastas! ¡Ropa usada y periódicos que vendan!... Y aquellos pregones... ¡A cenar, pastelitos y empanadas, pasen niñas a cenar!”.
El conocimiento histórico se transmite comúnmente como tradición, en bailes, cantos, festejos, narraciones y comportamientos sociales. Con ellos se recuperan experiencias colectivas, como en el caso evidente de los corridos o durante las celebraciones de la Independencia nacional. Sin embargo, este primer nivel del conocimiento histórico se halla muchas veces diluido, difuso en la compleja gama de relaciones sociales, acciones y hechos del presente. Se estudia la Historia para recuperar conscientemente nuestra identidad e idiosincrasia nacionales, para entender nuestro presente y aplicar racionalmente estos conocimientos en la vida práctica.
Durante diversos momentos, el pueblo mexicano construye su identidad como un pueblo capaz de defender su territorio frente al invasor francés, inglés y estadounidense, contribuyendo así a consolidar la independencia y soberanía de su país. La identidad nacional es memoria de la fortaleza de un pueblo que fue capaz, a partir de la década de los treinta del siglo XX, de recuperar sus recursos nacionales (tierra, petróleo, energía eléctrica, comunicaciones y transportes), para aprovecharlos por sí mismos. A través de su actuación, el mexicano ha construido el México moderno; por tanto, su actuación presente puede mejorarlo.